¿Comprar una casa es un buen negocio en el Siglo XXI?

Comprar una casa ha sido uno de los objetivos de cualquier ciudadano durante el siglo pasado y también en la primera década del siglo XXI fomentada por la burbuja inmobiliaria. En el pasado era una extensión material a un deseo emocional de formar una familia que durase para siempre.

En la actualidad, esta realidad ha cambiado. Ahora todos comenzamos a ser conscientes que las parejas no suelen durar para siempre, es mas, en general, buscamos relaciones que nos puedan satisfacer y cuando esta gratificación termina entonces las relaciones terminan y para ambos se produce un punto de inflexión desde el cual comienza la búsqueda de una nueva vida.

Debido a la escalada de precios en las viviendas y a la aparición del hábito de endeudarse como un rasgo característico del ciudadano, hoy en día una adquirir una casa implica hacerse con un bien cuyo valor puede exceder el patrimonio de un ciudadano en unas 15 o 20 veces, según los años que haya trabajado y los hábitos de ahorro que haya tenido. Esta contradicción se ha intentado mitigar con la concesión de hipotecas a 20, 30 incluso 40 años.

Es curioso como un perfil de ciudadano que apenas se preocupa por el futuro, no ha tenido problema para adquirir un compromiso con un banco por 30 años, sin pensar que significa esto exactamente. Nada menos que estar trabajando 30 años para estos señores hipotecando verdaderos sueños y sabiendo que en cualquier momento se pueden quedar sin nada.

A todo esto, tenemos que añadir el nuevo mercado laboral también del siglo XXI, donde los puestos fijos por el momento quedan destinados para los funcionarios, veremos hasta cuando, y donde los nuevos trabajos están siendo y serán mas inestables, tanto desde el punto de vista de su duración como desde el punto de vista de su posición geográfica.

Viendo todas estas tendencias, queda cada vez mas claro que comprar una casa va dejando de tener sentido en el Siglo XXI, porque exige una estabilidad como mínimo económica de 30 años, frente a las nuevas tendencias emocional (pareja), económica (laboral) y geográfica. Ante esta nueva situación, el alquiler es una alternativa que puede satisfacer la nueva realidad a la que nos enfrentamos ya que uno puede adaptar sus exigencias (precio del alquiler, lugar, compañía) en cada etapa de su vida.

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